Capítulo 1


Preso de los recuerdos



El aire era denso en su habitación. Había pasado todo la noche despierto, pensando en las circunstancias que lo habían llevado a aquel estado. No todo era enteramente su culpa, aunque sin duda él no había sabido manejar la situación. ¿¡Pero quién si!? Ningún humano está preparado para ver al mal a los ojos y encontrar una mirada hermana, mientras por detrás, en el nombre de la bondad, se asoma una oscuridad que ninguna magia ni ninguna plegaria es capaz de matar.

Él nunca, jamás, habría estado preparado para el mundo paranormal, para ese pequeño hueco entre la ciencia, la ficción y la fantasía. Allí donde lo real se confunde con aquello de lo irreal que conocemos, y dónde lo desconocido se acerca a ti disfrazado de cordero. Todo había pasado demasiado rápido.

Recordaba aún las palabras de su cautiva: “Eres muy poderoso, humano” le había dicho, y él había optado por ignorarla; pero lo que vino después le obligó a creer que de hecho, si aquello estaba sucediendo era porque tenía alguna clase de poder especial. Sin embargo, pese a su tacto especial para con lo irreal, había carecido del suficiente para con quienes amaba, y ahora se encontraba en una casa vacía, dónde antes cuatro pies correteaban entre la habitación contigua y la cocina, y un cuerpo hermoso y pálido se deslizaba sobre él para besarle el mentón.

En su soledad había tenido muy poco tiempo para llorar. Él se había buscado esa situación, además había temas más urgentes y decisiones que tomar que no podían esperar al cese de los ríos salinos. Ya tenía casi todo pronto, casi, pero sabía que ignoraba algún punto clave de todo lo que le había sucedido.

Se levantó, aún tieso y con el pecho compungido, y respiró con dificultad todo el camino hasta el comedor. La casa estaba a oscuras, pero llevaba meses sin que la oscuridad le resultase un problema mayor que la simple obstrucción de la vista. Podía trabajar sin vista. Era una de las cosas que su padre le había enseñado de pequeño, un rito aparentemente normal, heredado de una tribu ya inexistente en el continente africano. Allí de dónde toda su familia provenía, salvo algunas excepciones. Recordarlo le hizo llevar su mano al colgante que tenía en el cuello, se trataba de una serpiente de madera antigua, oscura aunque verdosa, con su boca negra abierta. Había tenido que familiarizarse con su par natural en el último semestre, una actividad ilegal, pero extremadamente necesaria. Los uruguayos podrían agradecerle luego.

Se sentó en la pila de libros y de papeles con claves que le aseguraban que su esposa nunca se enterara de lo que estaba haciendo. No era problema de ella, sino suyo, único Aranda vivo capaz de limpiar el nombre de su familia. Los libros por su parte eran varias versiones sobre la misma criatura mitológica: el vampiro; un ser increíblemente volátil en las características aplicables…especialmente en los últimos cinco años. Aquello había sido un terrible tormento, que al final había resultado medianamente inútil. Había decidido aferrarse a Bram Stoker, y quedarse con aquel esteriotipo…algo bastante aproximado a lo que encontró luego frente a él, medio año después de comenzar su investigación. Prendió su nueva laptop. Nueva en sentido figurado realmente, ya que se trataba de un aparato prehistórico con muchas rectas y forma de maletín sospechoso.  Entonces se dirigió a una serie de videos que había guardado para posterior análisis, la mayoría de ellos nunca los había vuelto a ver. Era imposible hacerlo, pues la versión en vivo había sido lo suficientemente aterradora como para querer, además, darle un significado diferente.
En realidad no había mucha acción en ellos, pero la quietud y el silencio suelen a menudo ser más petrificantes que el movimiento. Y eso, cualquiera que haya necesitado plantarse ante un montón de personas para exponer una idea, sabe que es verdad. Algunos le llaman “el silencio de la muerte”, nunca había estado más de acuerdo con ello.

El primer video no mostraba absolutamente nada, era simplemente una figura, tapada por completo en una serie de telas blancas, y atada con fuerza por un largo cinturón de cuero verdoso.

Tenía que haber algo en alguno de los videos, tenía que. Su mente sin embargo no podía concentrarse, era imposible hacerlo cuando el silencio lo rodeaba tan filoso y tan cruel. Sus pensamientos vagaban con rapidez hacia el pasado y una vez más se veía a si mismo causando dolor en el pasado.

Pasado. Aquella palabra indisoluble, que hace imposible el escape, había girado sobre él durante más de un año. Había dedicado su vida a olvidarlo, y sin embargo ahora se veía inmerso en él, incapaz de escapar de sus garras asesinas.


Todavìa recordaba el primer día que lo llevaría a aquella locura. Su padre moría acostado en una cama de hospital conectado cual robot a un millar de cables, pocos de los cuales podía dilucidar para qué servían. Nunca había prestado atención a su cultura, cualquiera que ella fuese, lo cierto es que le gustaba tomar lo mejor de todo, y abandonar el resto sin ataduras morales. No tenía entonces, ni tuvo después, gran afinidad a su parte africana, como tampoco se sentía cien por ciento uruguayo. De hecho para él la división siquiera era tal, pero sus padres se habían empeñado en traer a África a casa durante su infancia. Eso no era ningún problema ni para su hermana ni para su hermano, pero él nunca tuvo afinidad por las danzas y los ritos. Creía que la gente simplemente debe vivir al modo del lugar y adaptarse a ello. Claro está, él nunca logró eso tampoco. Por eso le había resultado extraño que en su lecho de muerte su padre lo llamara justamente a él para hablar sobre un tema religioso. Sabía que era así porque había nombrado la palabra entidad en su dialecto, que también era suyo, aquel de la tribu del continente negro de la cual heredaban sus costumbres. Fue allí cuando escuchó sobre vampiros por primera vez. Bien, no estrictamente, no se puede vivir en la Tierra sin haber escuchado de vampiros, pero por primera vez los veía en un contexto africano…en su propio contexto. Su padre le contó la historia de aquella niña maldita, y aunque no sabía mucho, y lo poco que sabía apenas sonaba coherente en su boca cansada, a él le resultó bien claro que no mentía ni le estaba haciendo un cuento para dormir la siesta. Su anciano padre le estaba pidiendo un favor, o tal vez dándole una última orden. Sus palabras finales no fueron ni españolas ni africanas, pero sonaron con gran fuerza tan sólo para él:

-Dendroaspis polylepis.

Eso no tuvo sentido por un buen tiempo. Pero mientras revisaba con su hermana los viejos libros de sus padres, encontró en uno aquel nombre latino. Se trataba de una serpiente, y no cualquier serpiente, sino una de las más venenosas del mundo, la más venenosa de África, y la más brutal de todas sus congéneres. Resultaba ser también el símbolo de su tribu, aquel que su padre había mandado a tallar para cada uno de sus hijos al nacer, y les había dado al cumplir diecisiete años. Aquel que tenía ahora en las manos, rogándole por una salida a aquellos problemas que anunciados se acercaban.

Mamba Negra. Aquel animal relativamente largo, era hermoso y letal a la vez, algo que más tarde le resultaría irónico; que en aquel instante, mientras recordaba todo, le resultaba irónico. Allí, entre las notas que su padre también había hecho, se encontraban varios lugares que conocía, aparentemente sitios dónde la niña maldita había sido avistada a lo largo de la historia. Allí había fechas que iban desde comienzos del siglo XX hasta los años ‘70 aproximadamente. Era imposible que su padre supiera tanto y a la vez tan poco sobre la vampira de Montevideo, así que asumió un tanto esperanzado, que no era el único que sabía de su existencia. Supo de inmediato que la única forma de atraparla y destruirla era sabiendo cómo había llegado a ser lo que era, quién era y más importante, quién había sido. No había lógica en aquella afirmación que se le había aferrado a su mente, pero estaba seguro de ella, como si alguien se la hubiera susurrado al oído mientras dormía. Pero también sabía, con la misma o más seguridad, que de ninguna forma aquello  iba a ser tan fácil.

No todos los días un hombre normal se planta ante un vampiro y le obliga a decirte como asesinarlo. Era completamente ridículo, y sin embargo era la única idea que se le ocurría. Hasta donde sabía, no había en libros ni en el folclore, conocimiento alguno de cómo atrapar a un ser como aquel. Sí había varias formas de matarlo, pero todas convenían en que el ser debía estar durmiendo en su tumba, o, de cualquier forma, en una situación de debilidad. Él sabía por lo poco que su padre había podido formular, que aquella niña no estaba nunca en situación de debilidad, y eso era parte del asunto. Además estaban los rumores y las nuevas fábulas, algo que traía al mundo un universo de nuevas dudas. Su vampira bien podría ser indestructible, y su cabeza se carcomía ante esa idea. ¿A quién escuchar? ¿Quién tendría razón? Los vampiros no existían, eso era un hecho de la realidad, incluso para aquellos que ganan millones aprovechándose de su figura.

No fue hasta un par de meses más tarde que se le ocurrió contrastar los hechos. Su padre no le había mencionado la Mamba Negra por diversión, ni siquiera como una incitación a su pasado olvidado, lo había hecho porque aquella serpiente era la única que podía detener a esta vampiresa. Nunca había escuchado nada sobre vampiros envenenados, ni afectados por venenos, pero aquella era la única solución al asunto. Era también la única posible causa para los números anotados al lado de la composición del veneno en el libro de su padre, dónde había encontrado el nombre de aquella serpiente por primera vez.

Saberlo le ocasionaría otros problemas ¿Dónde conseguir una Mamba negra? No hay serpientes como esa en América. En primer lugar, porque son extremadamente peligrosas, y en segundo porque es ilegal sacarlas de su territorio. Esta serpiente es muy territorial, por ello tan peligrosas, ya que son capaces de matar a quienes invadan su hogar, y también por eso es que la gente las prefiere muertas a vivas. Conseguir veneno de sus fauces iba a ser casi imposible. Casi.

Prefería no recordar cómo fue que lo consiguió. Para empezar no sólo se arriesgaba a sí mismo con recordarlo sino también a su familia, a la que ya había dañado lo suficiente. Por añadidura no era un muy lindo recuerdo, y aún le dolían las marcas. Junto con las serpientes de contrabando había conseguido una cantidad impresionante de antídoto, lo que sería de inmediato una decisión de la cual no se arrepentía, pese a la ilegalidad del asunto. Una vez que tuvo todo pronto, el veneno, los animales, y la capacidad de controlarlos, se dispuso a encontrar a su presa.

No había sido fácil tampoco, pero luego de varios meses de vigilancia había logrado encontrar pistas de pasaje de la niña maldita. Aún quedaba averiguar cómo engatusarla, y cómo al mismo tiempo evitar perder su trabajo por quedarse dormido. Su hijo había terminado de decidir por él, al encontrar un día unos papeles con nombres y anotaciones ridículas. Daniel, su hijo mayor, se había entusiasmado de inmediato, tenía sólo catorce años entonces, pero al igual que su hermana menor, de trece, eran fanáticos de lo paranormal, y tenían cierto gusto por la investigación. Su hija varias veces había ido a investigar los cementerios con sus amigas, y había comenzado a usar ropas de rasgos góticos. Los libros que desbordaban las mesas de luz de sus hijos eran siempre sobre vampiros, magos o demonios. Ellos hubieran adorado poder enfrentarse a la vampira de Montevideo, pero Daniel fue el único a quién se lo permitió, más por haber sido chantajeado que por verdaderamente quererlo.

A principios del invierno siguiente al año que se enteró de su misión se encontraba frente a su presa, glorioso, triunfante y sin embargo expectante. La primera vez que la viera sería otro día que no olvidaría. La captura de  la vampira había requerido una gran paciencia y rapidez, después de eso había tenido que conseguir un lugar en el cual ocultarla, por lo que nunca le había visto la cara hasta entonces. No sabía qué esperar: ¿un ser demacrado, una estatua hermosa?


Aquel día la puerta de acero se cerró detrás de él con un fuerte alarido, seco, sordo, fatal. Siguió caminando, conocía su rumbo aunque todo estaba en penumbras. A lo lejos, en la única habitación, enrejada, se veía la también única luz de todo el galpón, incandescente e insoportablemente amarilla. Todo estaba en silencio, pese a que en la habitación había una figura.

Sus pasos, traidores al vacío, se escuchaban como gotas cayendo una y otra, y otra, y otra vez. Ni uno de sus pasos sonó diferente en el aquel corto trayecto, parecían maquinales, fríos, calculadores. Detrás de él su hijo se impacientaba, y al mismo tiempo comenzaba a dudar. No quería estar allí, y el sonido de sus pies arrastrándose lentamente a través del suelo era evidencia de ello. Pero también, deseaba verla, saber cómo era, o quizá, más bien, qué era. El joven de quince años respiraba intranquilo, y su respiración era la única que se escuchaba. Su padre se sentía sereno, sabía que nada malo pasaría, y al mismo tiempo su corazón se aceleraba, quería comenzar lo más pronto posible. La figura no respiraba, tampoco había corazón que palpitara, por tanto en realidad parecía no estar allí, o al menos no estar viva.

Pero la figura escuchaba perfectamente, los pasos, los suspiros, las dudas y las carreras cardíacas. La figura estaba aburrida, llevaba allí, uno, dos, tres días…quizá más, también se había aburrido de contar minutos. Allí abajo, en lo que parecía un sótano, inmovilizada por un único y largo cinturón de cuero, con la cabeza y el cuerpo tapados por varias capas de tela, no había mucho que pensar, ni hacer tampoco. Una puerta se abrió, y la figura supo que estaba en una jaula.

Entró en la habitación, solo, y cerró la puerta con llave. Había tres cerraduras, cada una de las cuales hizo revisar a su hijo una vez le entregó la llave. La puerta solamente se abría de afuera. Las paredes no eran tales, sino más bien muros hasta la cintura de una persona de estatura normal, que luego eran continuados por gruesos y firmes barrotes de acero. La puerta era igualmente, un entramado de acero, se podía ver a través de ella, pero era muy difícil, sino imposible, atravesarla.

El hombre se acercó a la figura. Entre medio de ellos había una mesa de metal oxidado, sobre la mesa se hallaba la luz, el resto, cada rincón de aquella habitación, estaba a oscuras. Se aseguró de que el cinturón estuviera bien ajustado al suelo, y luego a cada miembro de la figura, y finalmente alrededor de ella, como una gran serpiente constrictora. Era necesario…era imprescindible.

El joven, por fuera de las rejas, había comenzado a temblar. La figura movió la cabeza hacia él, divertida, aunque eso no podía verse, debido a la capucha atada al cinturón. El otro se adelantó, temiendo una amenaza, y sacó el veneno de su bolsillo. Era una pequeña botellita con un líquido negro que el hombre había preparado utilizando varias combinaciones letales.

Tomó una jeringa y comenzó a retirar el líquido de la botellita. Acarició el plástico y luego lo movió un poco…perfecto. Se acercó a la figura e inyectó el líquido en el lugar exacto en que sabía que se hallaba la boca. La figura no se resistió, aún sentía la pesadez de la última vez. El veneno demoró en entrar, pero eventualmente lo hizo, y entonces el hombre juzgó seguro de retirarle la capucha a su prisionera.

Aquello no era tarea fácil, se requería de una rapidez, fuerza y precisión casi inhumanas. Si no era lo suficientemente rápido podría morir, si no era lo suficientemente fuerte o preciso, jamás lograría sacarle la tela de la cara, mucho menos hacerlo de forma veloz. En unos pocos segundos, no sólo su cautiva estaba libre para ver y sentir, sino que además él ya estaba sentado en la otra silla, frente a ella, lejos de sus dientes.

La mujer, adolescente, niña, lo miró. Su cara era alargada, hermosa, femenina y gatuna. Tenía la mirada curiosa, como una pequeña; sus ojos brillaban grises, no parecía dañina. Su cuerpo, sin embargo, estaba tensionado, esperando algo, o quizá, probando la fuerza de sus ligaduras. Su edad no era clara, juntaba todo para ser una mujer joven, pero también aparentaba ser una niña, en sus muecas, en la idiotez que la había llevado a aquel lugar.

El hombre estimó que debía tener entre trece y dieciséis años…no más. Aunque claro, había vivido mucho más que eso, lo que se notaba en su aparente calma y en que no necesitara hablar. La miró durante varios minutos, la chica se dejó mirar, más por interés propio que por verdadera cooperación. Había algo que le llamaba la atención a la figura, y él se pudo imaginar qué era, ella debía de sospechar para qué estaba allí.

La joven resopló. No era una señal de advertencia, razón por lo cual sonrió al ver que ambos hombres se habían apartado y la miraban perplejos. Era tan sólo una señal de aburrimiento, y una forma más o menos efectiva de apartar uno de sus mechones de pelo castaño claro que había caído sobre su frente. El hombre la miró de forma penetrante, sentía que la niña se burlaba de él, ocultando algo, como el miedo o al menos el asombro de verse allí atrapada. Ella, de entre todas las criaturas nocturnas.
Pero si se sentía de forma adversa ante la situación en que se encontraba, la figura no planeaba demostrar debilidad. Se mantuvo rígida, con la mirada clara fija en los profundos ojos de su captor, analizándolos.

Ahora él se hallaba en una encrucijada. Necesitaba precisión, así que debía hacerla hablar. Por otro lado, cómo podía hacer hablar a tal bestia, por qué habría de hacerlo. Ella no tenía nada que decir, y podría esperar por siempre a que las ataduras se debilitaran o que sus fuerzas regresaran, no tenía apuro, por eso tampoco estaba nerviosa.
Su hijo suspiró para aliviar la tensión, y observó a su padre que seguía insistiendo en aquella pelea de miradas. Luego pasó su vista a la vampira. Era una amenaza, y sin embargo, no pudo evitar perderse en su belleza. De su tranquilidad, incluso de la ingenuidad que denotaba, saltaba a la vista de cualquier incauto, que aquel ser no tenía pares. Pero quien la viera, mirando en realidad la naturaleza impura de su existencia, encontraría en sus ojos la sabiduría del diablo y la vileza de un predador con demasiada paciencia.

¿Cómo someter a un ser contra el que desatar la lucha sería una pérdida de tiempo? Para el joven era imposible. Ella no hablaría. Nunca lo haría.

La figura retiró la mirada del hombre. Ya le había aburrido, y la fijó en cambio en el joven que la observaba desde el costado derecho. Ella sonrió. El joven le gustaba, olía bien.  Se preguntó si estaría ya bien interrumpir el silencio, pero luego cayó en la cuenta de que su cazador no esperaba eso, él quería preguntar primero. Eso estaba bien, ella esperaría. Por siempre, de ser necesario.

El silencio se expandió por la sala hasta el punto en que las respiraciones de los dos hombres casi dejaron de sentirse. Y luego, el ruido. Él se levantó de su asiento y le hizo una seña a su hijo para que abriera la puerta. El joven no lo había visto, así que su padre debió toser distraídamente para que lo notara. La figura sonrió, al fin divertida, y luego observó como su carcelero se alejaba sin mirar atrás, mientras su hijo la miraba sin cesar, como si hubiera algo en sus ojos grises que lo atara a ella.

La puerta se abrió y cerró con el mismo tono fantasmal que antes. La figura quedó sola. La oscuridad no le asustaba, y la soledad nunca había sido su enemiga, más bien una bienvenida compañera. Miró a su prisión con nuevos ojos, hasta entonces sólo había podido dilucidar luces y sombras, y entonces vió un artefacto plateado que despedía una inquietante luz roja. Sonrió nuevamente. Era una cámara.

Y allí se quedó con su mente perdida en el tiempo, pero su mirada fija de manera escalofriante en la mitad exacta de la imagen que se proyectaría… por días. Y a cada segundo correspondiente el hombre había permanecido observándola, como un loco que espera que de pronto el sol comience a salir de noche.

La impresión de tener poder por sobre quien tiene total control sobre su propia persona le había impedido volver. La cámara tenía filmados días enteros de aquella figura inmóvil, como si la imagen se hubiera detenido. Era escalofriante, de un modo que nadie podría comprender, al menos nadie que no hubiera visto aquella mirada gris, penetrante, que parecía leer cada uno de sus pensamientos. Sólo un par de veces la imagen cambiaría. Ambas habían sido causadas por la presencia de su hijo del otro lado de la pantalla, a salvo, en el comedor de su casa. Daniel había salido de la habitación de inmediato, despavorido. La figura le había sonreído, y su mirada se había movido apenas unos milímetros, hacia dónde él aparecía por sobre el hombro de su padre.

Las siguientes veces que la había visto habían sido más reveladoras y espeluznantes. Algunos de aquellos recuerdos él prefería anularlos para así poder creer que alguna vez podría recobrar su normalidad. Sin embargo, cuanto más se presionaba a olvidar más esos recuerdos presionaban para salir, como la sangre al borde de una herida. Uno de ellos escapó primero, era de la primera vez que le había hablado.

La puerta había vuelto a crujir, siempre hacía eso al ser forzada hacia adentro. Los hombres  nuevamente habían avanzado hacia la luz. En la habitación, la figura los estaba mirando sonriente.  Su cara era cordial, no irónica, y sus ojos incluso parecieron brillar. Como la vez anterior, el joven se hizo a un lado y él entró, cerró la puerta, aseguró las cerraduras y ordenó a su hijo a que hiciera lo mismo; luego se sentó en la silla y la miró directamente a los ojos. Su impulso había cambiado, y la figura lo sabía. Ella sonrió más ampliamente, siempre cuidando no mostrar sus dientes.

-Tu nombre –pidió, su voz era firme y su tono neutral, pero en su mirada aseguraba que aquello era una orden.

La figura se movió un poco en su lugar y luego enfocó los ojos en el joven que había comenzado a temblar nuevamente. El hombre frente a ella golpeó la mesa y la obligó a mirarlo. Realmente no tenía por qué haberlo complacido, sabía que, de no querer, podría jamás hablar y él no estaría más cerca de dañarle. Pero lo miró, sólo porque la rabia de los hombres siempre le había llamado la atención por ser tan inútil y tan volátil. La rabia nunca logra nada, ella lo sabía.

-¿¡CÓMO TE LLAMAS!? –gritó el hombre ignorando por completo la sorpresa de su hijo.

Ella no se movió. Suspiró y decidió complacerlo, una vez más. Cuando habló su voz salió clara, pura, como envuelta en algún tipo de canto celestial.

-Vampyra –respondió con calma, como una madre a un niño caprichoso.

Los hombres se paralizaron, hechizados por aquella voz tan perfecta. No fue fácil volver a ordenar los pensamientos, y si ella hubiera seguido hablando probablemente nunca los hubieran recuperado. Allí nacía un nuevo problema, cómo hablarle sin estancarse. Pero él logró recuperarse a tiempo para recordar por qué se sentía enojado.

-¿¡VAMP…VAMPIRA!? –gritó enfurecido.

-Si, con y –respondió con calma, sin un atisbo de asombro o perturbación en sus ojos o su cuerpo.

-Con y –la cara furiosa del hombre no había cambiado ni un poco.

-Eso dije –aseguró la muchacha con gesto inocente.

-¿Y pretendes que yo me crea que ese es tu nombre? –gruñó él.

-Lo pretendo, porque lo es –dijo con simpleza- Qué es un nombre después de todo, más que todo aquello que hace referencia a algo o alguien, una palabra ante la cual respondemos, y con la que, de una forma u otra nos identificamos. Vampyra es mi nombre. Con él me identifico y ante él respondo. Quizá tu concepción de nombre es otra.

La miró anonadado. Aquel día no era en nada parecido a lo que había imaginado, ni ella era la mitad de parecida a lo que él había temido.

-¿Y tu? –escuchó que ella decía entonces.

-¿Disculpa? –aquella interacción lo había tomado demasiado desprevenido, por lo que su reacción sonó más cordial de lo que habría sido si recordara con quién hablaba.

-Tengo entendido que los humanos aún llevan nombres de pila –habló ella.

-Mi nombre no es importante –dijo entonces con rispidez.

-Oh, yo creo que si…Además, ¿a quién dañas con darme tu nombre? No es como si pudiera moverme de aquí –bromeó retorciéndose un poco en su asiento para marcar su punto.

El hombre tocó su bolsillo como instinto y prevención. El veneno estaba comenzando a dejar de hacer efecto, pero esta vez no sería tan fácil suministrárselo.

-¡No, de ninguna forma volveré a tomar esa cosa! –gruñó entonces ella, pero el sonido no era tanto amenazante y sobrenatural, sino más bien un típico berrinche adolescente.

Aquello volvió a marearlo. Vampyra sonaba increíblemente humana. Se irguió en su asiento para poder pensar con mayor claridad. Vampyra lo observó hacerlo con curiosidad, y nuevamente en él se formó la idea de que ella podía leerle el pensamiento, porque cada vez que confrontaba algo en su fuero interno ella fruncía el seño, como si intentara comprenderlo. No esperaba aquello, esperaba una bestia, un ser que intentara escapar, un demonio de ultratumba, o al menos un personaje con gracia y porte, como los vampiros de los libros. Pero Vampyra, aparte de su belleza desgarradora, no tenía nada parecido a ningún ser que hubiera llevado en su actuar el mismo nombre que la especie a la que ella pertenecía. Aquella joven tan sólo parecía una niña tocada con delicadeza por la adultez, y actuaba como tal. Había pasado su vida entera cuestionando a los monstruos y la aparente idiotez de los humanos para diferenciarlos del resto, pero en este caso podía comprender, en cualquier otro contexto Vampyra se perdería con facilidad entre las chicas de su edad…mejor dicho, entre las chicas de la edad que aparentaba.

-¿Qué sucede? –preguntó ella con tono preocupado- ¿No soy lo que esperabas que fuese?

-No –decidió aceptar él con un suspiro.

-Suena lógico…rara vez los humanos recuerdan que, después de todo, los vampiros estamos hechos de lo mismo que ustedes, y que en el fondo jamás dejamos de ser los humanos que fuimos.

-¿Por qué Vampyra? –preguntó entonces el hombre.

-Porque es un nombre apropiado –contestó nuevamente con simpleza.

-¿Pero por qué así? –especificó él.

-La palabra “vampiro” tiene muchos orígenes, pero nuestro idioma la heredó directamente del latín “vampyrus”… Para mi que la escribiéramos con “y” tiene más sentido.

El hombre se recostó contra el respaldo. Su cara permanecía impasible pero su corazón latía al ritmo de la incomprensión y Vampyra podía escucharlo perfectamente. Él seguía sin entenderla.

-Se para qué me has capturado –dijo ella de pronto-, y debo decir que me sorprendió que no lo hubieran hecho antes, lo esperaba. Pero si algo jamás entendieron aquellos que me crearon es el alcance de la humanidad y el valor del vampiro… No puedes simplemente despertar una mañana y decidir que no eres humano, aún si cada fibra de tu ser te demuestra que no lo eres. Nací humana, soy humana, y me comporto como humana… aún si el resto de mi, me pide tu sangre, yo sé que soy humana.

-Entonces tu crees que eres humana.

-No, no soy humana, al menos no de la forma que tu entiendes el ser… soy una vampira, un ser demoníaco, algo antinatural, un chupasangre. Pero eso define mis necesidades, no quién soy en realidad. De hecho si algo hace del vampiro un ser tan atrayente y a la vez tan terrorífico es la capacidad de ser humano. Yo no he cambiado quien soy, sólo cambió el resto de mi, aquello que no importa de alguien.

-¿Tu estado y tus necesidades te parecen poca cosa? –rió él con sarcasmo.

-Hay humanos peores que yo…quizá deberías intentar destruirlos a ellos y no a mi…después de todo hay sólo una forma de destruirme, y siquiera yo se los datos suficientes como para ayudarte a hacerlo.

-No puedo creerte.

-No me creas…pero es la verdad. Así como es verdad que quieres matarme –El hombre ignoró el comentario- Lo que no entiendo es por qué… digo, además de lo obvio, supongo que no querrás que me coma a tu familia…-Vampyra miró casi imperceptiblemente hacia la derecha, donde el joven la miraba entre atemorizado y maravillado- Pero tu mirada, tu forma de actuar y tus conocimientos en captura y retención de vampiros me hace creer que es algo más personal. Si tu fueras un humano cualquiera, aún si estuvieras locamente obsesionado con los seres como yo, no me mirarías de esta forma, como si te hubiera hecho algo alguna vez, como si hubiera herido tu….honor.

El hombre se llevó la mano al cuello en un acto reflejo. La serpiente cayó hacia su palma abierta, y aunque él la ocultó de inmediato entre su ropa, ya era demasiado tarde para que Vampyra no la viera. Entonces ella pareció petrificarse, como si recordara algo doloroso, lejano y que prefería olvidar. Lo miró con rabia en los ojos, y por un segundo creyó que moriría allí.

-Daniel…sal por favor –le pidió a su hijo mientras trataba de mantener la calma- Ahora.

-Pero la llave, no podés salir sin…

-¡AHORA!

Daniel se alejó trotando, confundido y asustado; mientras ambos, el humano y la vampira lo observaron hacerlo. Luego, inmediatamente después que la puerta se cerrara sus miradas se volvieron a juntar. Vampyra ahora parecía un monstruo, un verdadero monstruo, exactamente el ser que él había esperado encontrarse cuando llegara el momento de hablar. Sus facciones, antes delicadas, ahora parecían afiladas, preparadas para atacar. Sus ojos ya no eran inocentes, y en ellos se reflejaban muy bien los años de vida que habían recorrido el mundo. Y su piel, antes hermosamente nívea y de un brillo angelical, ahora se hallaba oscurecida por franjas negras, que recorrían como ríos de tinta alrededor de sus ojos, su boca y probablemente el resto de su cuerpo. La sed se dibujaba en su rostro, y no era una sed normal, inevitable a su naturaleza vampírica, sino una sed vengativa, que más parecía la exaltación de un sentir muy humano. Él sabía que no había marcha atrás, ella sabía quién era, o por lo menos de dónde venía, y probablemente no hablaría más, ahora ya no. Pero eso era lo que menos consternaba la mente del hombre. La furia de la vampira había logrado destruir las ataduras que la ligaban al suelo. Ahora sólo quedaban las que la retenían en el lugar, pero si había logrado tirar abajo una fuerza equivalente a trescientos kilogramos, era cuestión de tiempo a que estuviera libre, y sin el veneno… Debía idear una manera de destruirla, incapacitarla o regresarla al nivel de seguridad primario lo más pronto posible.

-¡NO HAY NADA QUE PUEDAS HACER! –bufó la voz de la vampira, provocando en el ambiente un extraño crispar, y en los oídos del hombre un ensordecedor y doloroso chillido, que lo hizo gritar hasta que ella detuvo sus palabras.

La miró, en sus ojos también había rabia, y su corazón latía muy rápido, quizá demasiado rápido.

-Siempre hay algo que se puede hacer.

-Curioso…Él dijo lo mismo, y aquí estás tratando de deshacer lo que él creó –rió Vampyra aumentando los decibeles de su singular habla de ultratumba.

En aquel lugar todo parecía haber muerto de repente. Esa sensación, la misma que recorre la espina cuando estando en una habitación oscura y solitaria se siente la presencia de algo que no debería estar allí, se apoderó de la jaula en la que ambos, cazador y presa (quien quiera que fuera cada uno), se miraron desafiantes. Sin saber que al reconocer al otro como enemigo se estaban marcando como iguales, y por tanto demostrándose un respeto mutuo, que ninguno se atrevería a admitir nunca. El silencio fue eterno, demoró horas, o tal vez días, y a la vez, fue en segundos que llegó a un abrupto final, cuando un sonido familiar e inapropiado se hizo presente entre ambos, llevando la concentración a algo más que banal.

Su estómago se quejó nuevamente. Vampyra sonrió de forma socarrona, y su cuerpo pareció relajarse, hasta adoptar una forma menos parecida a la de una estatua y una apariencia más humana, más bella, nuevamente recordando al cielo y no al infierno.

-Tienes hambre –dijo la joven entre risitas de niña- Es una gran casualidad, ¿sabes?, resulta que yo también estoy hambrienta.

El hombre la miró sin saber qué esperar, su cara parecía estar relajada una vez más, pero no podía confiar en sus ojos. Aquel ser era diabólico, su poder podía arrasar con la atmósfera a su alrededor, por eso es que los vampiros son tan buenos monstruos, nadie se atrevería hacerles frente luego de sentir ese nivel de terror. Además nadie sabe qué esperar de un vampiro, las leyendas son tan variados y las pruebas tan escasas. Niebla, lobos, murciélagos. Sacudió su cabeza intentando pensar nuevamente de forma racional, pero era tan difícil ser racional cuando el ser más atractivo entre todos los demonios, desea convertirte en su cena.

-No voy a comerte –aseguró Vampyra con una nota de aburrimiento, como si hubiera visto la reacción de locura más de una vez en su vida- Por supuesto, es la primera vez que digo esto en serio…No te preocupes, no es que tengas nada malo ni que luzcas poco apetitoso, es que tu hijo…Daniel, ¿verdad?, el huele de forma irresistible… Usualmente no me sustento de personas tan jóvenes e inocentes, pero debido a que no tengo muchas opciones de alimento, puede que haga una excepción –sonrió con tristeza- Por cierto, eres una persona con poco radio de energía…eso sí debería preocuparte. Qué estés a menos de dos metros de mi y yo no pueda absorber tu energía vital es algo extraño, jamás me había sucedido…Al menos no con alguien que no estuviera muriendo. Es como si algo te protegiera, o como si algo te hubiera envenenado… No habrás probado a esas pequeñas en ti, ¿cierto? Es bastante estúpido, más viniendo de alguien que pretende matar a un vampiro, si fuera tu me alejaría de las serpientes por un tiempo… no veo cómo puedes suministrarme el veneno sin arriesgarte a que te muerda, y si sigues jugando con un fuego tan peligroso como tus amigas reptantes podrías terminar muerto antes que yo… Claro está que eso es inevitable, pero no es necesario morir tan joven, menos aún por una causa perdida…Me escaparé, lo sabes. Es sólo cuestión de tiempo antes de que recupere toda mi fuerza, y cuando eso haga, ni siquiera estos cinturones de piel “benditos” podrán detenerme.

-¿Cómo… -empezó pero la vampira lo interrumpió.

-Creo que entre tu literatura inservible habrás notado que casi todos concuerdan en que los vampiros somos extremadamente rápidos, fuertes, y tenemos todos los sentidos especialmente desarrollados… No puedo ver los microbios en tu piel, eso sería ridículo y molesto, parte de la razón por la cual los humanos no ven tanto como nosotros es porque sería inmensamente difícil trabajar con una vista mejor. En cuanto al olfato, puedo claramente oler el “agua bendita” que le hiciste echar a un “pobre e inocente” cura. No servirá, los seres, los de naturaleza benigna y los de naturaleza maligna no nos parecemos demasiado a lo que los hombres imaginan…Y definitivamente el agua de un pozo no hará que me queme, ni hará más fuertes las ligaduras, en todo caso, y si el cura hubiera inventado alguna palabra en latín durante la bendición, puede ser que hubiera llamado a algún ente benigno. Pero no lo siento, por el contrario, siento y veo claramente el mal.

El hombre miró a su alrededor de forma inconsciente. Vampyra rió burlona. Volvió a enfrentarla entonces, sus facciones intentaban demostrar firmeza, pero sus ojos negaban rotundamente esa fuerza, él tenía miedo.

-Eres un ser fuerte, no veo por qué te empeñas en cambiar lo que no puedes –le dijo ella.

-Porque si nadie lo intenta, entonces realmente nunca sabremos si no se pude cambiar –le respondió desafiante.

-Suenas como esas personas llenas de ideales que nunca cumplen lo que prometen… Las palabras son hermosas, humano, y a menudo tan falsas como el tono con que se emplean. Desde el coloquial “Estoy bien” bañado en un dolor visible, hasta el inverosímil “Lo haré”, todo lo que sale de la boca de los humanos es mentira… excepto cuando las condiciones del ambiente te permiten ser sincero. Definitivamente tú no puedes decirme que sabes que no podrás matarme, pero lo sabes, y cualquier otra cosa que digas, sin importar la convicción con la que intentes pronunciarlo, es una mentira humana más. Yo, por otro lado, no tengo incentivos para mentir, así que puedo serte franca.

Él no dijo nada. Se levantó de su asiento y se volteó hacia la puerta. Vampyra se movió en su asiento, y supo que ella estaba en lo cierto, eventualmente se escaparía, y él tendría que averiguar cómo impedirlo. La miró de reojo y pudo notar su mirada fija en su cuerpo. Su cara se había deformado nuevamente, como si su instinto le pidiera que cazara. Sacó su celular del bolsillo derecho del saco y presionó levemente un botón que hizo que se encendiera la pantalla. Sabía que ella estaba controlando cada uno de sus movimientos, por eso no podía darse el lujo de mostrar su juego de llaves extra en su bolsillo interior izquierdo. Su estómago volvió a crujir, algo que causó más inquietud en la vampira, como si su hambre también se viera incrementada.

Entonces Daniel apareció entre las sombras, avergonzado. Su padre no le dijo nada, pero lo miró con violencia y le ordenó con una seña que le abriera la puerta. El joven así lo hizo, y mientras aún estaba en eso se fijó en la prisionera. Vampyra ahora lo miraba a él, y sus ojos estaban increíblemente oscuros, sedientos. Daniel se apuró a abrir la puerta. Aquella mirada le había detenido el corazón por un instante, y luego había hecho que gritara con tanta fuerza que la sangre parecía ser impulsada con la fuerza de una represa y no gentilmente. Cuando terminó su labor, con torpeza, le entregó las llaves a su padre e intentó con todas sus fuerzas separar su vista de aquella bestia que lo seguía. Sin embargo, no fue hasta que su padre lo obligó a girar con su brazo, que logró respirar de nuevo.


Como una persona ajena a todo credo, había permanecido siempre alejado de los mundos que no se dejan ver. Su modo de vida apoyaba eso, pero ahora todo cambiaría, y Vampyra no sería necesariamente su único problema para recuperar la ignorancia del pasado. Sabía que eso estaba comenzando a afectar a su hijo, y eso era algo que no deseaba, claro que entonces él creía que Daniel estaba aterrorizado, y que eso era todo, pero pronto se tornaría aún más peligroso. Sabía de las pasiones de su hijo, impulsadas por un mundo donde la fantasía poco a poco cobraba más y más víctimas, que como moscas a la luz se hundían en los mil y un mundos listos para hacer volar sus sueños a lugares inalcanzables; pero no sabía sin embargo de su obsesión por los vampiros, ni de su capacidad de comprensión, ni de su soledad. Para él, su hijo siempre había sido un chico normal, y aunque nunca había llevado a nadie a su casa, siempre creyó que era porque, como todo adolescente, se avergonzaba de sus padres.

Nuevamente necesitó de varios días para volver a interrogar a Vampyra. En primer lugar porque ella había vuelto a quedarse estática mirando de forma escalofriante a la cámara, y en segundo lugar, porque deseaba que aquellas vacaciones julianas terminaran. Su hijo no iba a disculpárselo, claro era, pero de todas formas recibiría su castigo. Era lunes cuando la puerta de acero comenzó a crujir. Afuera el cielo se mostraba reticente a mostrar al sol, así había permanecido desde que julio comenzase, como si de pronto el invierno hubiera caído en la cuenta de que podía apoderarse de Montevideo, encerrándolo en una bolsa de basura de mala calidad. El aire también olía a desperdicios; intenso anuncio de una tormenta igualmente violenta. El viento se había levantado bajando la temperatura y la sensación térmica unos cuantos grados por debajo del cero. Las nubes ya comenzaban a formar figuras aterradoras entre grises oscuros y más negros. Era un día perfecto para hablar con un vampiro. A unos cuantos metros, dejó su taxi estacionado, había dado tres rondas y le pareció el momento adecuado para parar. Del taxi sacó una gran caja bufadora y movediza, que ahora llevaba en la mano enguantada de cuero, una seguridad bastante inútil de hecho. Como siempre, al acercarse a la puerta la gente lo había mirado con recelo. Todos jugaban con la idea de un secuestro y de alguien oculto en aquel galpón de dónde la nada siempre salía. Por supuesto, nadie sospechaba que fuera así, pese a las miradas. Si aquellas personas ignorantes supieran lo que allí estaba encerrado, desearían que la puerta fuera un poco más inquebrantable, y la seguridad mayor. Él, por supuesto los miraba envidiosos, ellos no sabían, y ese es el mejor estado de todos.


Entró, y dejó la caja a un costado. Hacia adelante sólo había oscuridad, aparentemente la bombilla se había quemado en algún momento desde que se había despertado, a las tres de la madrugada, y revisado la grabación, y aquel mediodía.

Bufó enojado y rebuscó entre sus pertenencias la linterna y las velas que traía siempre por si algo llegaba a pasar. Una voz rió a sus espaldas, lo que lo hizo saltar en un principio…había sonado demasiado cerca.

-Si yo fuera tu me hubiera asustado más –la voz sonaba profunda, y realmente muy cercana- Soy una vampira, siempre cabe la posibilidad de que me haya zafado y esté esperándote en las penumbras para atacarte –volvió a reír, esta vez, y si el hombre no malinterpretaba, juguetona y resignada…ella seguía atada.

-Si te hubieras escapado, ya estaría muerto –respondió él, sin querer, con humor amistoso.

Vampyra sonrió en la oscuridad.

-¿Daniel no pudo venir? –esta vez ella sonaba triste.

-¿Puedo preguntar por qué te interesa tanto? – dijo él, tratando de permanecer en un campo neutral, no le convenía ser el animal irasible, entre tanto prendía la linterna y caminaba alumbrando a la figura, que le devolvía la mirada sin parpadear ni verse molestada por la luz- Raro –apreció.

-Querrás decir “extraño”, raro de hecho es algo bueno, extraño por otra parte es algo anormal, que se sale de lo que se espera o se ve normalmente –inculcó- Los vampiros no somos afectados por la luz artificial, y la del sol apenas nos molesta.

-¿De dónde salió el mito entonces? –bromeó él abriendo la puerta.

-Supongo que no todos los vampiros somos iguales, así como todos los humanos no lo son… Probablemente hubiera algunos especialmente afectados por la luz, o quizá fue uno sólo…Sabes como funcionan los rumores en este mundo. Además, a todos les molesta que una estrella iridiscente se fije en los ojos o en la piel, y como dije, la luz del sol “apenas” nos afecta –agregó enfatizando la última parte.

-Entiendo –dijo sentándose y colocando la linterna hacia arriba.

Vampyra miró el aparato con curiosidad, quiso tocarlo, pero eso no le era posible. La linterna era grande, de metal, increíblemente luminosa, parecía una mezcla entre lo antiguo y lo nuevo, y a ella le recordó a una noche de caza.

-Aún no me has respondido –advirtió la joven volviendo a mirar a José Luis a los ojos.

-Ni tu a mi –aclaró él.

-Puedes… -respondió entonces con amabilidad.

-¿Puedo qué? –saltó confundido.

-Preguntarme por qué me importa… -su voz sonaba cansada, como si se sintiera tonta respondiendo a aquella pregunta.

El hombre puso sus ojos en blanco, pero la complació de todas formas. Quizá, si pretendía ser amable, ella se abriría más.

-¿Por qué te importa?

-Porque huele rico…y porque parece más inteligente que tu… Me gustan los humanos inteligentes –repuso.

-¿Qué quieres decir? –rió él sin mucho ánimo.

-Tu tienes la típica cara del ser superior –respondió con simpleza.

-No te entiendo.

José Luis frunció el seño, algo que hizo reír a Vampyra.

-Te crees superior –explicó ella.

-Eso no es cierto –saltó de inmediato el hombre.

-Sí que lo es… todos nos sentimos superiores por una u otra razón, pero hoy en día hay ciertas comunidades que lo ostentan más… Los típicos blancos cuazi-nazis, que se creen superiores porque colonizaron Uruguay y mataron eficientemente a sus habitantes originales. Y luego están los que como tu, se creen superiores por poder agregar un continente a su nacionalidad.

-¿Qué mierda estás diciendo? –el hombre parecía exaltado.

-Cuida ese vocabulario… Hablo del prefijo afro, aparentemente de moda ahora.

-Créeme, nunca he necesitado agregar un continente a mi nacionalidad, soy de los que apenas la mencionan.

-Ah, entonces eres del tercer tipo…de los que se creen superiores por no creerse superiores… La ironía más idiota de todas. Esos son los peores.

-Y crees que mi hijo no es así.

-Estoy segura de eso… Debe ser por tu negación a tu afro-parte –se burló- Esos ojos azules definitivamente no tienen nada afro… Déjame adivinar, eres negro, así que qué es lo más opuesto a eso… ¿Una alemana?

Él gruñó, pero cedió.

-Polaca… Mis suegros lo son al menos, ella es uruguaya.

-¿Ves? Lo es ¿verdad? Entonces explícame por qué el resto de tu “comunidad” cree que debe agregar el origen de sus familias a su propio origen… Yo no me creo euro-uruguaya, soy uruguaya y punto, no veo nada de malo en eso.

-No tienes idea lo que mi gente ha sufrido, no tienes derecho a juzgarlos por intentar llegar a la igualdad.

-Sé muy bien lo que la raza negra ha sufrido, yo estuve allí, y yo los vi luchar por esa igualdad…Pero desde el momento en que decides afroamericanizarte te estás apartando del resto. Debido a que no hay euro-uruguayos, no veo la razón para que los haya afro. Anteponerlo a la nacionalidad los diferencia del resto, los discrimina, los aparta, y no crea igualdad alguna, al contrario si algo hace es empeorar las brechas que pudieran existir.

-Quizá tengas razón…de todas formas, yo no creo en lo mismo que ellos.

-“Ellos”… ¿Por qué te apartas del resto de los humanos? ¿Acaso también eres demasiado superior para eso?

-Me apartaba del resto de mi raza, y no, no me creo superior…Tan sólo no me considero parte de ninguna cultura.

-Eres inevitablemente parte de una cultura… Y la única raza es la humana, quizá podríamos agregar a los vampiros, pero sin duda ser negro o blanco no es ser de una raza u otra, porque no existe tal cosa… Si acaso existe algo son morfologías diferentes, adaptaciones de la naturaleza, pero no son diferentes cosas… humanos son todos, lamentablemente, por tanto no puede haber raza superior, como algunos plantean. Al menos claro que volvamos al tema vampiro contra humano, en ese caso la conclusión puede ser distinta.

-¿Entonces tu sí te crees superior?

-Creo que debido a nuestras capacidades que superan las sensaciones que ustedes pueden tener somos al menos más sabios, también ayuda la parte de la eternidad y cuasi inmortalidad.

-¿Dónde cae la parte de tomar sangre?

-Lo dices como si deseáramos hacerlo… Y si, de cierta forma es así, es parte de nuestra maldición, pero no lo hemos elegido. Cuando respiras también matas miles de seres, ¿eso te hace una mala persona? ¿Acaso puedes dejar de respirar para evitarlo? Yo puedo, yo puedo escoger no respirar, y también puedo escoger no matar. Pero a veces el instinto, la necesidad es inevitable. Y lo sería para ti también.

-Sin embargo, pareces tranquila –puntualizó el hombre.

-No tengo razones para no estarlo –dijo ella tratando de dilucidar por qué causa él había dicho aquello.

-Supuse que saber quién era te dejaría perturbada por más tiempo.

-Sabrás, que en realidad fue un impulso de ira, algo ilógico, que se instaló en mi en parte por mi humanidad y en parte por mi bestialidad. Pero ahora que sé muy bien por qué estás aquí, y que tu no puedes negarlo, me gustaría saber tu nombre. Después de todo, no veo qué proteges, sé el nombre de tu hijo, y la nacionalidad de tu esposa.

-José Luis –respondió él al no poder refutar sus dichos.

-Jose Luis Aranda –se dijo Vampyra a sí misma, y al hombre le sorprendió que ella recordara su apellido- No te asombres, fue muy difícil olvidar a tu hermano.

-¿De qué hablas? –se alzó de su silla súbitamente exaltado.

-Oh, ya veo, no lo sabes todo…

-¡Decímelo ya!

-No tengo razones para hacerlo, José Luis –respondió ella pausada y con aires de soberbia- Aún atada, aún débil, sigo siendo indestructible, quizá tu hermano debió recordar eso.

-¿¡Qué le hiciste!?

-¿Yo? Absolutamente nada, lo que a él le sucedió fue obra propia de sus acciones y de sus sentimientos cruzados.

-¡No te creo!

-No lo hagas…pero como ya te dije antes, yo no tengo razones para mentir. Créeme, yo estando aquí no pierdo absolutamente nada, tu, en cambio…

-¿¿Qué?? ¿¿Qué?? –gruñó José Luis desesperado.

-Tienes el corazón débil, fácilmente exaltable, no sirves para esto…Eres fuerte, porque todos los Aranda lo son, pero tu mente no es lo suficientemente abierta como para comprender lo necesario e intentar evitar lo que no es de los Hombres territorio de comprensión –dijo Vampyra pausada, y con la vista fija en algún lugar del largo pasillo- Si yo fuera tu me iría en este instante de aquí, hay cosas que no son para que los mortales manejen, y tu definitivamente no estás en posición de enfrentarlos. Ni me molestaría en abrir esa caja con serpientes, hoy no funcionarán, y te habrás sacrificado en vano.

-¿¡Qué rayos…!?

José Luis no estaba pronto para aquel momento. Ni en un millar de situaciones fantasiosas que quizás se le hubieran cruzado por la mente desde que escuchó la palabra “vampiro” hubiera esperado aquel momento. No comprendía una sola palabra de lo que aquella criatura infernal decía, pero pronto, aún escéptico comenzó a sentir esa sensación de peligro, como un instinto olvidado que se enciende cuando el enemigo es muy grande o sus intenciones oscuras. José Luis Aranda no se detuvo a ver más de lo que sus ojos comenzaron a captar, cuando de pronto la piel de Vampyra comenzó a abrirse lentamente y sus ojos oscurecerse  con la profundidad del abismo. Apenas se molestó en revisar las cerraduras, corrió hacia la puerta sintiendo como si atravesara una capa densa de humo caliente, y sólo miró atrás, cuando de pronto la luz de su linterna, que había dejado adentro de la jaula desapareció en tinieblas. A tientas abrió la puerta, dejando las serpientes adentro, y al salir, con el corazón en la mano, pudo recordar el ligero tacto de una mano que se había esmerado en ignorar, cuando tanteó las llaves en el bolsillo. Sí, definitivamente él no estaba preparado para eso, pero mucho menos aún para nada de lo que le sucedería después.

Buscó el celular en el bolsillo, y tecleó con urgencia el número de su hermana mientras se dirigía a su taxi. Allí se sentó agitado, y mientras el último tono le hacía esperar, José Luis Aranda comenzó a llorar.

-Hola… -la voz de Sabrina era dulce pero profunda, como la voz tranquilizadora de una Madre del Mundo.

-Te necesito… ella… no está sola –lloró la voz del hombre, aún alterada por el miedo.

-Voy para ahí –contestó segura ella.

-No… en casa no, Kathleen, ella no sabe, yo…no quiero.

-Entiendo.

-Te paso a buscar.

-Te espero.



La conversación se cerró también en la mente del José Luis Aranda del presente.  Como aquel del pasado, lloraba ahora también; no tenía la fuerza, ni la valentía de recordar el siguiente día que la vio. No quería traer a la memoria sus palabras, su voz, su belleza, pero más que nada, no quería revivir el miedo, la impotencia y la pequeñez que entonces debió sentir. El siguiente día había sido el que por siempre arruinaría sus ansias de normalidad, el que había apartado a su mujer de sus brazos, y el que le había perdido a sus hijos…quizás, irremediablemente.

13 comentarios:

  1. El primer capítulo está muy bueno. Deja al lector con las ganas de conocer aún más sobre los personajes y su enigmático entorno, además de que uno quiere saber que cosas pasarán y cuales han pasado. Recomiendo ampliamente leerlo, es una lectura que me ha gustado mucho, y que tiene el don de atrapar cada vez más a medida que se avanza en ella.
    Saludos

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  2. Me gusta como promueve las sensaciones visuales y auditivas. También los diálogos. No te conformes con una novela y sigue escribiendo.

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    1. Me alegra que te guste =) parte de mis intentos de escritura es tratar de que el lector sienta lo que sucede, así puede estar en el espacio de la acción. Seguiré escribiendo, mis otros proyectos son un poco más ambiciosos, por no decir mucho más =P, pero no me conformaré, eso dalo por seguro =) Muchas gracias por comentar =) perdón que haya demorado tanto en contestar...

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  3. Me encanto este primer capitulo...Me atrapo des e el principio y me tuvo en suspenso todo el tiempo,que por lo general no me sucede con un libro...Este es un libro que me gustaría adquirir..Muy buena trama,muy bien redactado,te hace vivir el momento de cada personaje,excelente !! mucha suerte con la publicación

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    1. Rosana! me alegra mucho que te haya gustado, disculpa que demorara tanto en contestar! Ojalá pronto esté hecho un objeto tangible, de esa forma podrían todos leerla entera, espero que les guste lo que sigue, por lo pronto ya está el capítulo 2... Sé que todo esto es medio entreverado, pero es parte de la gracia de la novela, mis disculpas si se confunden a veces...fue mi intención =P Gracias por tu comentario =)

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    1. Ana!! perdón por demorar y gracias por el comentario! Ya hay más, si quieres seguir con ella =P

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  5. Me gusto mucho este primer capitulo, plantea una trama muy interesante con personajes muy atrapantes, espero poder leer pronto mas de Historias de mi mundo para poder revelar las incognitas generadas por este primer capitulo.

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    1. Me alegra que te haya gustado =) especialmente mis pequeños personajes, les tengo mucho apego, quizás es parte de mi locura de escritora, pero son personas para mi y me alegra que puedan llevar a los demás a nuevos mundos y nuevas visiones. Ya está el capítulo 2! Muchas gracias por el comentario! =)

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  6. Apláudeme! Por fin me pude dedicar a leer (: Soy Belén, el blog ya no lo uso más, pero no sé cómo ponerle nombre al comentario :| Genial el capi! Me dejaste re intrigada, lamentablemente quizás hasta dentro de unos días no voy a tener tiempo de leer el siguiente, pero quería dejar mi huellita para que vieras que te dije que la iba a leer y la voy a leer, a mi ritmo pero la voy a leer. Bueno, qué decirte? Me encantó! Está simplemente genial :D Me costó un poco comprender cuándo ocurrió todo lo narrado, cuán atrás iba ese recuerdo... Pero por fuera de ese detalle, genial! Dentro de poco leo el segundo y te cuento (: Besos!

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    1. Belén! Sí, me imaginé que el blog no lo usabas, pero si quieres dejar tu nombre puedes entrar con tu cuenta de gmail y ahí quedas registrada, nada más, sino igual haces esto, comentas como anónima y dices quién eres =P Me alegra que hayas leído y que te haya gustado tanto =D El tema de los tiempo es complicado jajaja, juro que si alguien lo mira con ojo crítico puede encontrarle coherencia, pero sí, el lector que lo lee para disfrutarlo puede confundirse, en realidad es parte del juego. Hasta el capítulo 9, creo yo, los tiempos no vuelven a unirse, por lo que siempre hay varios pasados además del presente que se mezcla ahí y confunde porque hace pensar que quizás es otro pasado. Pero si se ve buscando hacer una línea de tiempo es posible, quizás no tanto en este capítulo, pero sí si lo unes con los demás, ahí se va entendiendo progresivamente, hasta que en los últimos capítulos ya es todo presente. En fin, nuevamente muchas gracias por comentar y me alegra que te gustara, y por supuesto, espero tu comentario en el segundo =D. Besos!! =)

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  7. Creo que tienes talento y eres capaz de escribir con mucha clase y propiedad, pero si me permites mi crítica (siempre constructiva), del mismo modo que a veces encuentras el grupo de palabras perfecto para embellecer la novela, otras veces las frases son demasiado previsibles y simples. Especialmente pasa esto en los diálogos, que en ocasiones me da la sensación de que les falta intensidad, vida. Parecen estas frases puntuales que pudiera escribirlas cualquiera, y tú no eres cualquiera. Es esto lo que me deja un sabor agridulce y por lo que quizás te ha resultado tan difícil que se fijen en tu novela.

    Esto se puede mejorar, obviamente, y seguro que mejoras. Se trata de no bajar la intensidad, de mantenerla en cada palabra. Espero que tomes a bien este comentario y te ayude.

    Mucho ánimo y sigue así.

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    1. Respeto tu comentario porque lo has escrito con calidad y respeto, al contrario de un comentario muy desagradable que acabo de encontrar. Sin embargo me permito acotar una cosa, no me ha resultado difícil que se fijen en mi novela por eso, me ha resultado difícil porque en mi país no se dan muchas oportunidades, y ninguna editorial se ha molestado en leer mi novela. A todos aquellos que la han leído completa (y creo que esto es especialmente importante)les ha gustado mucho, y no la encuentran de la forma que tú lo haces (y la mayoría de mis lectores son mayores de 30 y 40 años). Quizás sucedan dos cosas entre nosotros, si tu eres de España, lo que es probable que suceda, mis diálogos te resultan simples porque tu no hablas así, yo intenté escribir como se habla en mi país, y creo que eso lo he logrado lo suficientemente bien. Si hablamos con palabras simples es otra historia. Pero de todas formas agradezco tu crítica y releeré mi novela cuando llegue a la instancia en que pueda cambiarla otra vez, y si encuentro eso que tu dices haré lo mejor de mí para arreglarlo.
      Muchas gracias por tu consejo y por los ánimos.
      Saludos.
      P.D: nunca pasé el capítulo en la última revisión, quizás eso también sea importante =)

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Por favor dejen un comentario, así me ayudan a mejorar, y a cumplir mi sueño de publicar la novela...muchas gracias =)